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OPINION: El asesinato de Yulenz no debe quedar impune


POR JUAN PEREZ HEREDIA
PARA ECOS DEL SUR

Pocas veces puede uno leer en los blog de Barahona historias emotivas, que tocan las fibras más sensibles del corazón. Una historia que llega a producir en el interior de la persona una sensación de  tristeza, impotencia y coraje. Eso fue lo que me sucedió al leer el artículo de la señora Praxedes Magalis Olivero  sobre el caso de Yulenz Thomas, un joven estudiante que le arrebataron la vida en la flor de su juventud, pues apenas tenía 18 años.

El articulo de la señora Olivero, a quien no todavía tengo el placer de conocer, refleja ese estado de angustia, rabia y desesperación que nos embarga a todos cuando vemos que un crimen cometido con tanto salvajismo no ha podido ser resuelto por la policía. Es en ese momento que nos preguntamos si en verdad existe la justicia si es que  ya no hay Ley en nuestras calles.

Ver la foto de Yulenz sosteniendo un pergamino de graduación en sus manos, sonriendo, tal vez pensando el futuro promisorio que le esperaba a él y su familia luego de graduarse con tanto sacrificio de una carrera técnica en un instituto de la ciudad, hacen que levantemos nuestros impulsos y pidamos a los cuatro vientos  por una pena  ejemplar  o una  "sin vuelta atrás"  como la pena capital, contra aquellos desalmados  que andan al acecho de sus victimas  como hienas en la noche.

¿Cómo se explica que todavía no se haya apresado al asesino?, es lo que se pregunta la señora Olivero en su articulo, temiendo que ese monstruo, sintiéndose Dios para decidir quien vive o muere,  vuelva cometer semejante o peor atrocidades, esta vez contra un niño o una niña inocente.

Yulenz, un muchacho tranquilo que no molestaba ni salía de su casa, ese día  tomó rumbo a un colmado cercano con quinientos pesos en sus manos que le dio su madre para comprar la cena de Nochebuena y jamás regresó a su vivienda. Su cuerpo fue encontrado, tres días después, dentro de una cisterna. El medico legista determinó que Yulenz había recibido golpes contusos y laceraciones en todo el cuerpo, determinando que había muerto por ahogamiento, es decir, el asesino lo arrojó a la cisterna mientras estaba inconsciente.

Seamos honestos y tal vez menos ingenuos, por la forma como fue encontrado su cuerpo, quien asesinó a Yulenz es un criminal de "tomo y lomo" y merece pudrirse en el infierno. Que no haya ninguna persona arrestada es motivo suficiente para cuestionar a la policía y a la justicia, si es que hay justicia.

Vale la pregunta de la señora Olivero de que si la condición del valor humanos de algunos depende de su condición económica, el color de su piel o su nacionalidad para hacer valer la justicia. ¿Cual ha sido el impacto de este asesinato en la familia de Yulenz? Me imagino que, por ser nacionales haitianos, la experiencia traumática debe ser doblemente dolorosa. Todas estas desgracias hacen que también cuestionemos las relaciones de justicias, respeto e igualdad que debe primar en nuestra sociedad.

En verdad, confieso que no me gustaría ver otras historias como de la Yulenz en Ecos del Sur, pero por la forma como fue escrito y por el clamor de justicia que, también como mujer y madre, demanda la señora Praxedes Magalis Olivero, vale la pena que las autoridades presten su atención.

Es preciso que las autoridades desempolven ese caso y muevan montañas, si es preciso para resolver ese perverso asesinato. Es su deber, procurar hacer justicia porque todos somos iguales ante la Ley, no importa su raza o color.  Justicia "para todos" así debería ser la justicia dominicana verdaderamente.

Otra pregunta que me tiene inquieto y tal vez un poco abrumado ¿Dónde están los Derechos Humanos de su familia? ¿Es que acaso no lo tienen por ser haitianos? ¿Por qué callan las organizaciones humanitarias, que tanto dicen defender a los  haitiano, este asesinato tan macabro y perverso?

Esto me recuerda las palabras del escritor  norteamericano Jill Radford  que dice en uno de sus libros cuando hay una persona asesinada  puede que no haya un/a sobreviviente que cuente su historia. No hay forma de compartir la experiencia de la muerte violenta; todo lo que se puede compartir son el dolor y la rabia de aquellos/as  que  han conocido tal pérdida. Y este dolor…..puede ser devastador y callado.



Fuente original: OPINION: El asesinato de Yulenz no debe quedar impune.